La calderilla pasó a la historia, el efectivo está “sobrevalorado”

Pasito a pasito, las entidades financieras se dan cuenta que indudablemente el futuro está en la tecnología.
Cuanto más faciliten y promocionen el gasto, más se enriquecerán ellas, y de paso reactivarán la economía, que falta hace…

Un proyecto liderado por BBVA y por Bankia, con el respaldo de VISA, pretende simplificar al máximo el pago con tarjeta. Para pagos inferiores a 20 €, no será necesario teclear el número secreto, ni firmar, simplemente acercar la tarjeta. Este tipo de tarjeta se denomina “contactless”. Otras entidades como La Caixa, también han decidido involucrarse en proyectos similares.

Así acciones cotidianas como tomar un café o comprar el pan, ahora no requerirán ni llevar calderilla en los bolsillos.

Se está trabajando arduamente en los sistemas de seguridad, puesto que sin identificación, en caso de pérdida o sustracción de la tarjeta, podrían producirse pagos…aunque en realidad, la cuantía es bastante reducida, (20 euros diarios).

El laboratorio de pruebas serán Madrid y Barcelona, y si el método funciona, se extenderá a más ciudades!

La era tecnológica ya está aquí y las entidades financieras se han dado cuenta que deben adaptarse…

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Las tarjetas de débito y crédito, para gastar y gastar!

Son un instrumento que permite al comerciante el cobro de las ventas sin mediación de efectivo, y a su cliente el abono de sus compras contra el saldo de su cuenta (tarjeta de débito) o contra el crédito concedido por una entidad financiera (tarjeta de crédito).

Aunque en el lenguaje popular ambos tipos de tarjeta se denominan “de crédito”, existen pequeñas diferencias, (pero también similitudes, ambas permiten gastar!)

En las tarjetas de débito el importe se carga en la cuenta del titular. Son utilizadas para realizar transacciones en los cajeros automáticos. El débito puede ser o bien instantáneo o de confianza. En el débito de confianza se aplaza el pago al final de cada mes o al principio del siguiente , (según como se pacte con la entidad); las más típicas son las tarjetas de compra creadas por empresas que se dedican a la distribución comercial (Inditex, Cortefiel, El Corte Inglés…)

Las tarjetas de crédito facilitan la función de pago concediendo crédito al titular de las mismas, sin necesidad de contar con fondos cuando se realiza la operación. El límite del crédito que conceden las entidades financieras depende de la clase de tarjeta: las oro (6000€, algunas admiten hasta 42.000€ a los mejores clientes), las platino (hasta 60.000€). Como es lógico, a mayor límite, mayor será la cuota anual. Además suelen llevar otros servicios asociados, como seguros de accidentes si el viaje se paga con la tarjeta, etc.

Las tarjetas de crédito pueden ser creadas y gestionadas de diferente forma:
– Pueden ser creadas por empresas cuyo objeto principal es la emisión y gestión de tarjetas de crédito: Visa, Master Card, Dinner’s Club, American Express…
– Pueden ser emitidas y gestionadas por la misma entidad de crédito: por ejemplo, Barclays Card de Barclays Bank.
– Lo más común, es que sean gestionadas por bancos pero la entidad titular de la denominación comercial sea una empresa de ámbito internacional: Visa o Master Card.

Las entidades financieras ven en las tarjetas una fuente de ingresos suculenta por las comisiones que cobran: cuotas anuales, comisión sobre disposición de efectivo, comisión por pago aplazado…y también cobran al comerciante sobre un 2,5% (negociable).

Son la perfecta herramienta para gastar sin necesidad de disponer efectivo en el momento. Lo quieres, lo tienes…pero recuerda que aunque no tengas que disponer en el momento, tendrás que pagarlo en el futuro…

El factoring o factoraje

Si el confirming se encarga de la gestión de pago de proveedores, el factoring se ocupa de la gestión de clientes.

La definición de factoring sería algo así como: “ la prestación de un conjunto de servicios administrativos y financieros, que se realizan mediante la cesión de créditos comerciales (normalmente a corto plazo), con origen en la prestación de y/o entrega de bienes, con independencia de la forma en la que se encuentren documentados (recibos, facturas…)”.

El fabricante o distribuidor, la empresa, (cedente), cede los créditos que ostenta ante terceros (deudores) de forma irrevocable al a entidad de factoring (factor), para que como nuevo propietario, los gestione y cobre.

En función de la cesión o no del riesgo, se distingue entre:

Factoring sin recurso: la entidad de factoring (factor) adquiere el crédito con el riesgo de insolvencia y se libera al cedente de la responsabilidad por el posible impago del deudor.

Factoring con recurso: si el deudor no paga, la empresa cedente tendrá que pagar al factor.

La remuneración que percibe el factor se compone de dos elementos. Por una parte, la comisión de factoraje, que es un % sobre el importe total de la factura (IVA incluido) y se paga en el momento de la cesión. Por otra, el tipo de interés, que va en función del coste bancario y el plazo de financiación, (MIBOR o EURIBOR más un diferencial pactado).

A pesar del coste, el factoring o factoraje, incorpora evidentes ventajas: el incremento de la eficiencia en los cobros, un incremento de flujo de tesorería y la disminución de gastos de oficina y comunicaciones.

Aunque sin duda, la ventaja más significativa es el “efecto maquillaje del balance”, puesto que para la empresa cedente disminuye el importe de la cuenta de deudores y se incrementa el saldo de tesorería, por las cuentas anticipadas y cubiertas. De este modo, mejoran considerablemente los ratios de endeudamiento, y la imagen de cara al exterior de la empresa es más sólida. También supone acceso a financiación a tipos de interés razonables, ya que para acceder a la financiación se suelen analizar los ratios de endeudamiento.

El Confirming

El confirming se ocupa de la gestión de pago a proveedores. Consiste en formalizar las operaciones entre una empresa y sus proveedores a través de un intermediario financiero, normalmente el banco/caja con el que más relaciones tiene la empresa (créditos, hipotecas, acciones, valores…). Es el intermediario financiero quien asume tanto el riesgo de la operación, como todas las tareas administrativas (recepción de facturas, etc).

La entidad de confirming (el intermediario financiero, el banco/caja) debe emitir una carta de pago al proveedor para comunicarle que es ella quien se ocupa de realizar el pago, y está en manos del proveedor decidir si la acepta o no. Si la acepta, posteriormente acordará las condiciones de pago con el intermediario financiero.

Se pueden realizar tres modalidades de confirming:

1) Confirming simple: la empresa paga a la entidad en la fecha acordada, y luego ésta paga al proveedor.

2) Confirming de inversión: la empresa puede realizar un anticipo del pago a la entidad de confirming, por ejemplo, porque en ese momento tiene demasiada liquidez, o fondos disponibles ociosos.

3) Confirming de financiación: la entidad de confirming y la empresa negocian un aplazamiento del pago, en cuyo caso debe abonar intereses (el aplazamiento no suele ser gratis).

Se suele dirigir a grandes empresas o a clientes preferentes, debido a que el cliente asume un coste muy bajo. Para las entidades financieras, el confirming no reporta altas rentabilidades, pero eso no significa que este tipo de operaciones no tengan valor. Son un instrumento ideal para fidelizar la clientela, incrementar el volumen de negocio con el cliente, y poder conocer a clientes potenciales (los proveedores), con posibilidad de captarlos.

Como principal ventaja destaca la liberación por parte de la empresa de la carga administrativa, pero cuidado, permitiendo a la entidad financiera realizar confirming, están exponiendo tu cartera de proveedores…

Se ha de tener en cuenta siempre una máxima: las entidades financieras nunca dan nada “gratis”…todas sus acciones están debidamente meditadas…

LEVERAGED BUY OUT (L.B.O)

El leveraged buy out, o la compra apalancada, es la adquisición de una compañía, financiando una parte significativa del precio de compra mediante el uso de deuda. El principal riesgo de esta operación es que supone un fuerte incremento en el apalancamiento de la empresa adquirida.

La deuda queda doblemente asegurada. Por una parte, por el patrimonio o la capacidad crediticia del comprador, y por otra, por lo activos de la empresa adquirida y sus futuros cash-flows (flujos de caja).
Como es lógico, no todas las empresas son candidatas a ser adquiridas mediante leveraged buy out. Las aptas han de reunir una serie de características: han de ser empresas con alta capacidad de generar fondos suficientes y estables, y sin importantes necesidades de caja en el futuro; empresas con una alta cuota de mercado, maduras en un sector maduro. Los beneficios estables y una buena gerencia son requisitos ineludibles.

Los participantes implicados son: el comprador, el banco de inversión, los inversores y el vendedor. El banco de inversión es el consejero u organizador del L.B.O. Generalmente no toma parte activa en la gestión de la empresa, pero suele tener una fuerte representación en el consejo de administración.

Hay diferentes tipos de inversores, en función del nivel de rentabilidad-riesgo que estén dispuestos a asumir. La deuda principal corresponde a los prestamistas principales. Los prestamistas de entresuelo o subordinados, asumen un mayor riesgo, adquiriendo bonos de alto rendimiento o bonos basura (junk bonds). Los inversores en acciones, suelen ser empresas de capital riesgo, las cuales esperan obtener un alto rendimiento tras la venta de las acciones ( de su revalorización).

Warrants

El Warrant da derecho a la compra de una o varias acciones de una sociedad concreta a un precio previamente fijado y en un plazo también establecido. Son similares a las opciones de compra, pero tienen una duración mayor y además se negocian en las Bolsas, mientras que las opciones lo hacen en los mercados derivados. Una de las principales diferencias radica en que en el caso de los Warrants, hay un emisor, y el resto solo pueden adquirirlos, esto es, un particular no puede ser emisor de warrants.

Otorgan a su tenedor el derecho, que no la obligación a comprar (call warrant) o vender (put warrant) una cantidad determinada de un activo subyacente, a un precio prefijado (precio de ejercicio o strike) a lo largo de toda la vida del warrant o hasta su vencimiento. Para adquirir ese derecho el comprador debe pagar el precio del warrant, la prima. La cotización de un warrant representa en todo momento el precio a pagar por adquirir el derecho. En España se negocian en el mercado de Renta Fija de la Bolsa de Madrid.

Los warrants se compran y se venden en Bolsa del mismo modo que las acciones. En el mercado hay disponibles cientos de warrants para su negociación, por lo que es importante seleccionar el warrant adecuado en concordancia con el activo subyacente seleccionado. No solo se diferencian por precio, también por su potencial de desarrollo y actuación, que es diferente según sean sus períodos de vencimiento y sus precios de ejercicio. Suelen tener precios más ajustados que las opciones, y una liquidez mayor.

Es común asociar el concepto de warrant con el de obligación, puesto que en muchos casos las obligaciones se ponen a la venta junto con el warrant. La obligación y el warrant, aunque se emiten juntos, son dos títulos independientes: el obligacionista podrá mantener los dos, vender uno de ellos, o vender los dos.